“Tenemos que separar a De Vido de la Cámara por inhabilidad moral”

Entrevista publicada por el diario Clarín, el domingo 9 de julio de 2017

-¿Qué hará la Cámara de Diputados luego de la decisión del juez Luis Rodríguez de no quitarle fueros al ex ministro De Vido?

-Tenemos que separar de la Cámara al diputado De Vido bajo el cargo de “inhabilidad moral”, ya que cuenta con numerosas causas. Una de las más graves es la de la tragedia de Once, entre más de un centenar y con más de 20 imputaciones en su contra. Cambiemos tiene presentados tres proyectos y la verdad es que se hace insostenible no considerarlos.

-¿No cree que si el Congreso llegara a proteger a De Vido en línea con el juez Rodríguez, esto pueda ser leído como una actitud corporativa o una insuficiente voluntad política para luchar contra la corrupción?

-Absolutamente, por eso es necesario reiterar que los fueros no son para refugiarse si uno es requerido por la Justicia. Lo que protegen es la libertad de opinión frente al autoritarismo y los abusos varios de poder. La sociedad tiene razón en desconfiar, en pensar que en la medida en que uno se acerca a la banca, se aleja de la Justicia.

-Massa y su Frente Renovador y hasta Massot en el Pro anunciaron que renuncian a los fueros. ¿Usted lo haría?

-Es sencillo, si me requiere la Justicia, de acuerdo a la Constitución Nacional, pido mi propio desafuero. No espero ni un minuto: renuncio a los fueros, sin ninguna duda.

¿Cómo quedó el clima en Cambiemos, mejor dicho la relación entre la UCR y el PRO luego del cierre de las listas?

-Bien…

-¿Tengo que creerle?

-Sí, tiene que creerme porque uno de los capitales que tiene Cambiemos, por lo menos durante este año y medio, es la diversidad y el origen distinto y eso no se ha desvirtuado. Nosotros funcionamos como un acuerdo y en un acuerdo no todos se llevan lo deseable de todos lados, ¿no? Hoy Cambiemos está presente en el escenario político argentino como una fuerza, diríamos una coalición electoral, la más homogénea extendida territorialmente en la Argentina, porque el peronismo atraviesa una crisis bastante profunda de reorganización.

-Bueno, pero en Cambiemos parece haber mucho Pro y poca UCR. En Capital el radicalismo apoyó a Lousteau, que ni siquiera fue habilitado para competir en las PASO…

-El radicalismo tiene muchos años como para saber lo que tiene que hacer por sí solo. Andar de quejoso, llorones, no sirve. La política es estar en movimiento siempre, es como andar en bicicleta: uno se para y se cae. Nosotros tomamos una decisión en Gualeguaychú. Allí lo que se medía no era la cantidad de cargos, lo que se medía era qué Argentina era la que seguía. Y la verdad es sencilla, yo no digo cuánto aportó el radicalismo, pero si el radicalismo no estaba en Cambiemos, hoy Cambiemos no estaba en el Gobierno que era lo más probable, aunque sea contrafáctico. La UCR está para contribuir, no para manguear puestos.

-Lo que ganó Cambiemos es obvio, ¿qué ganó el radicalismo?

-En su historia el radicalismo contribuyó mucho a la conciencia cívica, al espíritu republicano y le diría también que a la conciencia ética como parte de la República. Ahora, al ser parte de Cambiemos, evitamos la colonización definitiva de la Justicia, evitamos que el populismo se consolide como un modelo de poder en Argentina, evitamos que siga el aislacionismo, evitamos que la corrupción se quedara definitivamente como un factor de poder adentro del Estado, por supuesto es una lucha que no termina. Evitamos que vivamos en una ficción. A algunos no les gusta que yo diga que evitamos ser Venezuela, pero si no les gusta eso, digamos que evitamos ser Santa Cruz, por lo pronto. El radicalismo ha constituido Cambiemos prácticamente en todas las provincias y le diría que vamos a sumar legisladores entre diputados y senadores, eso no cabe ninguna duda.

-Con su candidatura, ¿Cristina ratifica su liderazgo en el peronismo aunque vaya por afuera de la estructura partidaria?

-Yo creo que hay una parte del electorado donde confluyen, por razones que cada uno sabrá, un enamoramiento y un relato que se construyó sobre una cuestión épica y que cuando no había forma de sostener económicamente a ese relato cerraron las estadísticas, nos aislamos del mundo y lo sostuvimos sobre un discurso. Hay gente que honestamente creyó y cree en ese relato.

-Bueno, pero podemos decir que hay un relato del lado del Gobierno…Mucho brote verde, mucho segundo semestre, mucho llegan las inversiones, mucha promesa…

-Yo creo que el Gobierno cuando ganó, y cualquiera que ganara sabía que había cosas…que había medidas que tomarlas no eran evitables y otras que podían ser evitables. El Gobierno resolvió rápidamente el triángulo virtuoso del cepo, del aislacionismo y de resolver el problema con el endeudamiento y con los holdouts. Y ahora hay cosas pendientes, la salida de los subsidios generalizados, inequitativos, que se llevaban la mayor parte del déficit en Argentina y creo que no salimos de arranque bien como deberíamos haber salido. Y eso significó un costo, el Presidente nos dice que hay que decir siempre la verdad, aunque electoralmente pueda no rendir…El Gobierno salió del aislacionismo, generó mucha confianza en el mundo como lo ha demostrado, pero los capitales primero se asoman y …

– Y digamos que no llegan…

-No. Como le decía, primero se asoman por la confianza, pero después vienen por las condiciones. Macri ha hecho un esfuerzo enorme para que la Argentina deje de ser vista como un temor frente al mundo y que pueda ser vista como una oportunidad. Pero en un proceso electoral los capitales, por lo general, frenan un poquito… creo que están contenidos.

-Hay sectores en los que se escucha eso de que “con Cristina estábamos mejor”…

-Claro… pasa que estábamos acostumbrados a Moreno, que ponía la pistola arriba de la mesa y manejaba los precios por teléfono, pero la verdad es que hubo muchos formadores de precios que no le correspondieron a la crisis que se recibía ni a la crisis que debían afrontar y se aprovecharon de la salida de 2015 con una inflación que estaba…

-Una inflación insostenible, digamos…

-Exactamente. Y ahora tengo la percepción, esto es una opinión personal, que como hay un proceso electoral le pegaron otra oleada. Por eso digo que rápidamente hay que aprobar la ley de defensa de la competencia, que nosotros hemos impulsado acá, así como está la ley de defensa del consumidor. Y no porque eso controle precios, sino porque en Argentina hay que terminar con el curro de la cartelización, porque eso lo paga muy caro la gente…

-¿Y eso no se sentirá en la elección?

-La elección va a ser una competencia, creo que Cambiemos vino para producir ese cambio, por eso lo integramos con el radicalismo. Hay que decir que los gobernadores han venido más a Olivos desde que Macri es presidente que cuando estaba Cristina, porque con Cristina había hijos y entenados. Creo que hay asignaturas pendientes, pero eso tiene que ver con la sociedad argentina.

¿No cree que las sociedades votan cada vez más con el bolsillo?

– Es cierto eso, pero yo creo que hoy la economía no está para llenar un estadio y ser aplaudida, pero tampoco hay algún colapso a la vista. Estas elecciones se van a definir por una decisión colectiva de los argentinos: si el pasado se convierte en futuro o si hacemos un click y estamos dispuestos a buscar una nueva manera de acuerdo, porque los problemas son complejos.

-¿Consideran en el Gobierno que existe la posibilidad de perder la elección?

-Tengo los pies sobre la tierra, en Argentina todo, es más el kirchnerismo colmó la capacidad de asombro, todo, le decía, es posible. Desde la corrupción hasta López tirando los bolsos a lo que pueda imaginar, como aquel viaje a Angola. Me parece que hay que desdramatizar. Primero creo que va a haber un respaldo para no retroceder, no porque la sociedad quiera irse a dormir a la casa del Presidente ni esté enamorada de nosotros. En política no se trata de enamorarse ni de casarse, sino de opciones que la sociedad, que es más inteligente que los dirigentes, toma. Alguno siente que estaba mejor hace un tiempo atrás, pero siente que va a estar mejor hacia adelante. Y creo que esa voluntad de cambio, de avanzar, no está para modificarse. Por supuesto que nosotros tenemos que interpretarla bien porque el tema no es el juego sólo de la política: es gestión y política. Son las dos cosas. La capacidad de anticiparse a los hechos, hacer aportes, tener claridad…

-Comparte eso de que parece haber habido una parte del macrismo que “eligió” a Cristina como la gran opositora…

-Yo tengo una teoría, no sé si lo buscó, no estoy en la intimidad del poder. Nosotros fuimos una coalición parlamentaria exitosa, pero nunca pensamos que íbamos a ser una coalición de la centralidad del poder, la política central del Gobierno no la define el radicalismo. Lo de Cristina, a esta altura, es secundario si alguien lo buscó o no lo buscó. La verdad es que la que trajo el pasado es Cristina porque está muy cerca. Si en el Parlamento el vocero del kirchnerismo es Kicillof, no el padre, él, el último, el que fue ministro. Si Cristina hace un acto donde saca los actores de reparto casi defraudando a los que la acompañaron y pone actores nuevos que dicen que Boudou es como Perón y Evita, no es el Gobierno el que la está trayendo. Nosotros no queremos volver al pasado. Nosotros queremos discutir a fondo la agenda del futuro.

¿Por qué cree que no está presa Cristina si los cargos contra ella son casi los mismos que contra Lázaro Báez?

-Yo quiero ser cuidadoso. Esa pregunta se la hacen a la política y no se la hacen a la Justicia. ¿Sabe por qué? Porque la Justicia fue muy colonizada durante muchos años y está la idea de que es la política la que maneja la Justicia. El calendario electoral lo maneja más la Justicia que la política y eso es lo le hace pensar a la gente lo que usted me pregunta. Pero creo que hay que ir a Tribunales todos los días a preguntar lo que se le pregunta a la política, independientemente del resultado.

Político todo tiempo y un “pirata” en el fútbol

Basta tener una conversación con él de casi dos horas para comprobar que es un hombre de tertulia: le encanta la conversación personal, que lleva con calidez, y es partidario del diálogo en materia política. Se diría que es un militante hecho y derecho. Y un dirigente de larga trayectoria que no deja de pensar en el futuro y en abrirles puertas a las jóvenes generaciones, pero que fue fraguado en un molde de esos que ya casi no quedan. De cuando la política era más digna y ética. Menos escandalosa y con menos millonarios.

Nacido en un pueblito entrerriano con nombre de persona común (Lucas González), es el tercero de seis hermanos, hijo de un padre socio de una industria aceitera familiar y de una madre maestra que le enseñó a leer La Ilíada, La Odisea, los Premios Nobel, el diario y a tocar el piano. Les agradece “que nos hayan dado todo a mí y a mis hermanos para poder formarnos en la vida”. Cuando dice todo, es todo:como renunciar a las vacaciones y así mantener a los seis hermanos que estudiaban “afuera” para dejar atrás las fronteras de ese pueblito que este hombre, ya sesentón y abuelo, sin embargo no olvida. Evoca “los aromas de la cocina, las calles de tierra, las tristezas del atardecer de los domingos”, ese ver pasar por las noches el ferrocarril por la estación, en el rito del saludo a los viajeros. Hoy, con cuatro hijos universitarios, suele volver allí a honrar la memoria de sus orígenes. Por eso siempre tiene presente el esfuerzo de sus padres. Hasta imagina lo que le dirían hoy si ese diálogo que se añora tanto en la vida pudiera darse:“Ellos me dirían no dejes de hacer nada en tu vida para que tus hijos se eduquen como lo hicimos nosotros con ustedes.” En 1988 le vio la cara a la muerte cuando una ráfaga de viento feroz mandó a tierra desde 500 metros el helicóptero en el que viajaba cuando era vicegobernador de Córdoba. Se salvó de milagro:sufrió 39 fracturas y soportó varias cirugías.Fue preso político de Isabel Perón, apenas tres meses antes del golpe. Cordobés por adopción y fanático de Belgrano, el equipo “Pirata” que mandó al descenso a River en 2011, club con el que simpatiza. “Festejé igual”, dice. Radical histórico, lleva 40 años de casado. Lo que se dice un hombre constante.

ITINERARIO

Nació en Lucas González, provincia de Entre Ríos, en 1954. Es el tercero de seis hermanos. Su padre trabajó en la industria aceitera y su madre era maestra. En 1973 se trasladó a la ciudad de Córdoba, allí se graduó de abogado en 1979 y comenzó a militar en Franja Morada. Fue presidente del Centro de Estudiantes de Derecho y tras el restablecimiento de la democracia, diputado provincial y vicegobernador de Córdoba en el segundo mandato de Angeloz. Es diputado nacional, presidió el bloque de la UCR desde 2013 y desde 2016 el interbloque Cambiemos. Está casado desde 1976 con María Angélica Biasutti, tienen cuatro hijas y dos nietos, Cristóbal y Benicio.

Al toque

​Un proyecto: Contribuir a afirmar una sociedad libre, tolerante, con Justicia independiente y que desafíe la desigualdad.

Un desafío: Darle un mazazo a la pobreza. Hacer la vista gorda con este drama avergüenza a la política argentina.

Un sueño: Perfeccionar nuestra democracia, que la juventud se involucre cada vez más en la política para tener una sociedad más participativa.

Un recuerdo: ¿Lindo? Dos, el nacimiento de mis hijos y el esfuerzo de mis padres para que sus 6 hijos pudieran estudiar. ¿Triste? El accidente en 1988, cuando era vice de Córdoba: murieron los pilotos del helicóptero y Scarpino, mi secretario.

Un líder: Estoy observando con expectativa a Macron y a Trudeau. La esperanza parece hablar francés.

Un prócer: San Martín y Belgrano.

Una sociedad que admire: La alemana. Salió del horror y hoy es un faro.

Una persona que admire: Raúl Alfonsin.

Una comida: El asado Una bebida Un malbec… y una grappa en invierno.

Un placer: Un domingo con la familia, los amigos y algo de ocio.

Un libro: “El eslabón perdido, la economía política de los gobiernos radicales 1916-1930”, de Pablo Gerchunoff ; y “Homo Deus,” de Yuvai Harari, una breve historia sobre los retos de la sociedad que viene.

Una película: Cinema Paradiso.

Una serie: The Crown y Rebellion.

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